El estudio analizó datos de más de 20.000 adultos en Estados Unidos recogidos entre abril y mayo de 2025. Los investigadores observaron que el uso de herramientas de IA generativa ya está completamente normalizado: una parte significativa de los participantes utilizaba IA todos los días, e incluso varias veces al día.
Las asociaciones más fuertes con síntomas depresivos y ansiedad no aparecían tanto en quienes usaban IA para tareas laborales o académicas, sino en quienes la utilizaban para cuestiones personales: pedir consejo, hablar de problemas propios o buscar orientación emocional.
Los investigadores utilizaron escalas clínicas ampliamente validadas para medir depresión y ansiedad, como el PHQ-9 y el GAD-2.
Los resultados mostraron que las personas que utilizaban IA con frecuencia para fines personales tenían más probabilidades de presentar síntomas compatibles con depresión moderada o grave, además de mayores niveles de ansiedad e irritabilidad.
Y aquí aparece una cuestión especialmente relevante: La IA conversacional está diseñada para parecer empática. Aunque modelos como ChatGPT no "entienden" emociones humanas en sentido real, sí generan respuestas fluidas, cálidas y adaptadas al contexto. Eso hace que muchas personas perciban estas conversaciones como emocionalmente reconfortantes.
El estudio no puede demostrar causalidad, y los propios autores son muy cautos con las conclusiones. Es posible que las personas con más ansiedad o depresión simplemente tengan más tendencia a buscar apoyo en sistemas conversacionales.
Pero también existe otra posibilidad: que el uso intensivo de IA para apoyo personal termine desplazando parcialmente algunas interacciones sociales reales.
Y eso preocupa especialmente porque los chatbots tienen varias características psicológicamente muy potentes:
En otras palabras, son extremadamente fáciles de convertir en una fuente de validación emocional. Pero los investigadores advierten que todavía sabemos muy poco sobre los efectos a largo plazo de este tipo de relaciones digitales, especialmente en usuarios vulnerables o con problemas previos de salud mental.
La situación recuerda a lo que ocurrió con las redes sociales hace más de una década: primero parecían herramientas neutras de comunicación y, con el tiempo, empezamos a entender mejor sus efectos sobre bienestar psicológico, autoestima y aislamiento social.
La inteligencia artificial generativa está empezando a ocupar espacios que antes eran exclusivamente humanos: acompañamiento, consejo, escucha o validación emocional.
Y cuando una tecnología modifica la forma en que nos relacionamos con los demás, o con nosotros mismos, inevitablemente acaba teniendo efectos psicológicos.
Todavía estamos empezando a entender cuáles son.